Qué formaciones bonificadas hacer según tu crédito FUNDAE

Qué formaciones bonificadas hacer según tu crédito FUNDAE
“Un mapa no es el territorio que representa, pero, si es correcto, tiene una estructura similar al territorio, y eso explica su utilidad.”
Alfred Korzybski, Science and Sanity
En 2026, la primera pregunta que hacemos en Edubaa cuando una empresa contacta no es «¿qué curso quiere?». Es «¿cuánto crédito tiene disponible?». No por curiosidad contable. Porque el crédito FUNDAE es un espejo: dice cuánto cotizaste el año pasado, pero también qué tipo de empresa eres, qué problemas operativos enfrentas y qué formaciones bonificadas según crédito FUNDAE pueden resolverlos sin parar la producción.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, el 95,2 % de las empresas españolas son microempresas de menos de diez trabajadores. El tamaño medio del tejido empresarial ha crecido un 19,3 % entre 2018 y 2025, pasando de 10,3 a 12,3 trabajadores por empresa. Pero la realidad sigue siendo mayoritariamente pequeña: casi tres millones de empresas compiten con estructuras ajustadas, donde una sola persona suele acumular funciones de operativa, administración y gestión de equipo. En ese contexto, el crédito FUNDAE no es un fondo de inversión. Es una herramienta de supervivencia.
La cultura de la empresa condiciona cómo se usa el crédito. Si la cultura dice que la formación es un trámite, se gastará en cursos genéricos de diciembre a contrarreloj. Si la cultura dice que la formación es una palanca de mejora, se planificará en enero y se medirá en resultados. Este artículo no es un catálogo. Es un diagnóstico por tramos de crédito, con propuestas concretas para cada tipo de empresa.
Antes de decidir: calcula bien tu crédito
Antes de elegir una formación, conviene conocer el crédito disponible. FUNDAE dispone de un simulador de crédito para estimar la cantidad que una empresa puede destinar a formación bonificada. La aplicación calcula el crédito automáticamente a partir de los datos de la Tesorería General de la Seguridad Social, aunque la empresa puede usar el simulador para hacerse una idea previa.
Ahora bien, el simulador da una cifra. No da una estrategia. Es como una báscula: te dice cuánto hay, no qué hacer con ello. Para decidir bien, hay que cruzar el crédito con cuatro preguntas:
- Qué problema real tiene la empresa.
- Qué perfiles necesitan formarse.
- Qué formación puede aplicarse rápido.
- Qué parte conviene resolver ahora y qué parte planificar más adelante.
Esta lectura es especialmente importante en pymes. Cuando el crédito es pequeño, cada euro tiene que ir muy bien dirigido. Cuando el crédito crece, el riesgo ya no es quedarse corto, sino dispersarse.
FUNDAE explica que el crédito de formación es la cuantía de la que dispone cada empresa durante el año para formar a sus trabajadores. Se calcula en función de lo cotizado por formación profesional y de la plantilla media del ejercicio anterior. Además, todas las empresas que cotizan por formación profesional tienen garantizado un crédito mínimo de 420 €. Los porcentajes de bonificación varían según tamaño: 100 % para empresas de uno a nueve trabajadores, 75 % para empresas de diez a cuarenta y nueve, 60 % para empresas de cincuenta a doscientos cuarenta y nueve y 50 % para empresas de más de doscientos cincuenta. Las empresas de menos de cincuenta trabajadores pueden acumular el crédito no consumido para los dos ejercicios siguientes si lo comunican antes del 30 de junio.
Ese dato cambia mucho la conversación para las pymes. Una pequeña empresa de Madrid con poco crédito puede hacer algo útil si elige bien. Una pyme con crédito medio puede empezar a construir capacidades más estratégicas. Y una empresa con más presupuesto puede diseñar un plan anual de formación que impacte en productividad, retención y desarrollo interno.
La clave está en no confundir «bonificable» con «conveniente». No todo lo que puede bonificarse merece hacerse. Y no todo lo que suena moderno merece presupuesto.
Menos de 500 €: formación corta, directa y muy aplicable
El perfil. Tienes entre uno y nueve trabajadores. Eres una microempresa o una pequeña pyme donde el responsable de formación es el mismo que factura, atiende el teléfono y cierra la puerta por la noche. Tu crédito es de 420 € si tienes entre uno y cinco empleados, o el 100 % de tu cuota de formación profesional si tienes entre seis y nueve. En ambos casos, la cifra es modesta. Y por eso más importante no desperdiciarla.
El problema real. No tienes tiempo para formaciones largas. No tienes margen para que tres empleados estén fuera simultáneamente. Y no tienes un departamento de RRHH que gestione trámites. Lo que necesitas es formación quirúrgica: corta, directa, aplicable esta semana.
La propuesta. Cursos de entre diez y veinte horas, en modalidad online o telefónica, que resuelvan un dolor concreto. Un taller de Excel para empresas para el empleado que gestiona los pedidos y pierde horas en hojas desordenadas. Una sesión de comunicación para empresas para el comercial que redacta emails que nadie entiende. Un curso de inglés profesional para el responsable que atiende llamadas de clientes internacionales y se bloquea. Una introducción a la inteligencia artificial para empresas para el equipo que ya usa ChatGPT pero sin criterio de seguridad.
En este tramo suelen encajar formaciones como:
- Comunicación efectiva para managers.
- Feedback y conversaciones difíciles dentro de un programa de habilidades blandas.
- Uso práctico de IA en tareas diarias.
- Excel básico o intermedio aplicado al puesto.
- Gestión del tiempo y prioridades.
- Atención al cliente en situaciones difíciles.
- Reuniones eficaces.
- Primeros usos seguros de herramientas de ofimática.
El ejemplo. Una empresa de logística en Madrid con seis trabajadores tenía un crédito de 580 €. En lugar de buscar un curso genérico, formó a su responsable de almacén en Excel avanzado: doce horas online, trabajando con sus propios archivos de stock. El crédito cubrió el 100 % del coste. A las tres semanas, el tiempo de preparación de informes de inventario pasó de cuatro horas semanales a cuarenta minutos. La inversión fue cero euros de su bolsillo. El retorno fue una tarde completa recuperada cada semana.
El matiz. Con crédito mínimo, la tentación es buscar la formación más barata posible para que «cubra todo». Ese enfoque falla siempre. Es mejor una formación específica que resuelva algo, que una formación amplia que no resuelva nada. En Edubaa diseñamos cursos cortos para pymes con este perfil: contenido ajustado, horarios flexibles, y gestión de la bonificación FUNDAE incluida para que no pierdas tiempo en papeleo.
Entre 500 € y 1.000 €: una habilidad clave o un pequeño grupo
El perfil. Tienes entre diez y cuarenta y nueve trabajadores. Ya no eres una microempresa. Tienes departamentos diferenciados, aunque pequeños. Un equipo comercial, un área de operaciones, alguien que se ocupa de la administración. Y empiezas a tener problemas que no se resuelven con una sola formación puntual: el comercial necesita inglés, el operativo necesita Excel, el responsable de área necesita aprender a delegar.
El problema real. El crédito permite más de una acción formativa, pero exige planificación. Si improvisas en noviembre, gastarás todo en un curso genérico que nadie pidió. Si planificas en enero, puedes diseñar un calendario trimestral donde cada formación encaje en la operativa real.
La propuesta. Este crédito puede encajar con formar a un grupo pequeño o trabajar una competencia concreta con algo más de profundidad. Tiene sentido apostar por:
- Formación práctica de Excel para empresas para administración, ventas u operaciones.
- Curso inicial de IA aplicada a tareas de oficina.
- Comunicación efectiva para mandos intermedios.
- Técnicas de venta consultiva.
- Gestión del tiempo para equipos con alta carga de trabajo.
- Atención al cliente o atención al paciente.
- Inglés profesional en formato intensivo reducido.
La lógica debería ser elegir una competencia que afecte al día a día. Si una empresa tiene un equipo administrativo que usa Excel constantemente pero de forma básica, una formación aplicada puede mejorar velocidad, orden y precisión. Si un pequeño equipo comercial necesita escribir mejores correos o defender propuestas, una formación de comunicación comercial puede tener retorno rápido. Si los managers están recién promocionados, una formación inicial en feedback, delegación y prioridades dentro de un programa de habilidades blandas puede evitar meses de fricción.
El ejemplo. Una pyme de consultoría en Madrid con quince trabajadores tenía un crédito de 900 €. Formó a tres comerciales en técnicas de ventas consultivas durante dieciséis horas online. El crédito cubrió el 75 % del coste por su tamaño de empresa. En el trimestre siguiente, la conversión de propuestas enviadas a clientes nuevos subió un 22 %. No contrataron más personal. No cambiaron de CRM. Solo mejoraron cómo defendían el valor de su propuesta en llamadas y emails.
El matiz. Con este tramo, la trampa es la dispersión. Es mejor formar bien a tres o cuatro personas que formar superficialmente a quince. La decisión práctica es esta: elige una habilidad que, si mejora, se note en menos de un mes. Si el programa intenta tocar liderazgo, comunicación, ventas, IA, productividad y clima laboral en tres horas, lo más probable es que no cambie nada. El aprendizaje también necesita oxígeno.
Entre 1.000 € y 2.000 €: idiomas o IA con sentido práctico
El perfil. Tienes entre diez y cuarenta y nueve trabajadores, pero con un crédito que ya permite pensar en algo más estructurado. Este es uno de los tramos más interesantes para pymes porque permite elegir entre dos grandes apuestas: idiomas para empresas o inteligencia artificial.
El problema real. La empresa ya no puede resolver sus carencias con una píldora formativa. Necesita una competencia que abra mercados o que automatice procesos. Pero el riesgo es caer en la charla teórica: una conferencia sobre el futuro de la IA que no cambia nada el lunes, o un curso de inglés que repasa tiempos verbales que nadie va a usar.
La propuesta. La primera opción es la formación en idiomas para empresas, especialmente inglés profesional. No hablamos de aprender listas de vocabulario ni de repasar gramática como si la empresa estuviera preparando selectividad. Hablamos de usar el idioma en situaciones reales: llamadas, correos, reuniones, presentaciones, negociación, atención a clientes o trato con proveedores.
Para una pyme que trabaja con clientes internacionales, proveedores europeos o equipos multiculturales, invertir en inglés para empresas puede reducir bloqueos, malentendidos y dependencia de una o dos personas que «son las que hablan inglés». Esa dependencia parece cómoda hasta que esas personas se van de vacaciones, se saturan o cambian de empresa. Además, en sectores concretos crece la demanda de francés, alemán o portugués, siempre ligados a mercados reales. No por cultura general. Por facturación.
La segunda gran opción es la formación en IA para empresas. Según el World Economic Forum, más del 75 % de las empresas globales planean adoptar IA, pero la falta de competencias internas es uno de los principales obstáculos. En España, la Fundación Cotec confirma que el 92,6 % de las empresas que usan IA son microempresas, pero adoptan herramientas más simples que las grandes. La formación en IA para este tramo no busca implementar sistemas complejos. Busca que el equipo entienda qué tareas se pueden optimizar, qué herramientas usar con seguridad, y qué no conviene hacer.
Con 1.000 € o 2.000 €, lo útil suele ser formar a equipos concretos en usos reales: redactar mejor, resumir información, preparar propuestas, analizar datos, automatizar tareas sencillas, mejorar atención al cliente, apoyar procesos comerciales o reducir trabajo repetitivo.
El ejemplo. Una empresa de tecnología en Barcelona con veinticinco trabajadores tenía un crédito de 1.800 €. Diseñó un plan trimestral: enero, formación de inglés profesional para el equipo comercial (veinte horas, seis participantes). Abril, taller de IA aplicada a tareas administrativas para mandos intermedios (doce horas, cuatro participantes). Septiembre, curso de Power BI para empresas para el responsable de operaciones (dieciséis horas, individual). El crédito cubrió la mayor parte. El cofinanciamiento privado fue del 10 %. Y cada formación se notó en la operativa del trimestre siguiente.
El matiz. En este tramo, la decisión debería depender de la necesidad principal: si la empresa pierde oportunidades por idioma, idiomas. Si pierde tiempo por tareas repetitivas o mala gestión de información, IA. Si tiene ambas necesidades, conviene priorizar por impacto. La pregunta no es cuál suena mejor. La pregunta es cuál desbloquea más negocio ahora.
Entre 2.000 € y 5.000 €: itinerarios por perfiles
El perfil. Eres una pyme de treinta a cincuenta trabajadores o una empresa mediana con estructura en crecimiento. Tienes departamentos claros, pero también silos, dependencias cruzadas y managers que empiezan a sentir que el equipo crece más rápido que su capacidad de liderazgo.
El problema real. El crédito permite más de una formación, pero ya no tiene sentido pensar en cursos sueltos. El riesgo es repartir el dinero como confeti: un poco de todo para todos, sin secuencia ni profundidad. Lo que necesitas es un itinerario.
La propuesta. Un itinerario formativo no es una acumulación de sesiones. Es una secuencia de aprendizaje diseñada para desarrollar una capacidad. Aquí la empresa puede combinar varias líneas sin convertir la formación en una ensalada.
Por ejemplo, una pyme de treinta o cuarenta trabajadores puede distribuir el crédito en tres líneas:
- Idiomas para empresas para perfiles comerciales o atención internacional.
- IA y herramientas digitales para administración, marketing o dirección.
- Habilidades blandas para mandos intermedios.
Aquí aparece una decisión estratégica: formar a todos un poco o formar mejor a perfiles clave. En la mayoría de las pymes, suele tener más sentido la segunda opción. Formar a las personas que multiplican impacto: managers, comerciales, administración, atención al cliente, responsables de operaciones o perfiles que actúan como referencia interna.
En este tramo también puede entrar la formación lúdica experiencial si la empresa quiere trabajar equipo, liderazgo o comunicación desde una dinámica más participativa. Especialmente cuando hay silos, conflictos entre áreas o necesidad de cohesionar equipos después de cambios internos. La formación experiencial funciona cuando se diseña con objetivos pedagógicos claros. Si solo se busca pasar un buen rato, eso es team building. Si se busca observar cómo decide, comunica y colabora el equipo bajo presión, entonces empieza a tener sentido formativo.
El ejemplo. Una empresa industrial en Madrid con treinta y cinco trabajadores tenía un crédito de 3.200 €. Diseñó un itinerario de seis meses para mandos intermedios con tres bloques: comunicación efectiva, delegación y resolución de problemas. Veinticuatro horas, ocho participantes. El crédito cubrió el 60 % del coste. A los tres meses, el tiempo medio de resolución de incidencias internas bajó un 30 %. No porque hubieran comprado software nuevo, sino porque los responsables de área sabían ahora cómo escalar decisiones sin que todo pasara por dirección.
El matiz. No repartir el crédito como confeti. Diseña un itinerario. Y elige la modalidad según la habilidad: una formación de Excel o IA puede funcionar muy bien online si se trabaja con ejercicios reales. Una formación de comunicación o liderazgo puede beneficiarse de sesiones presenciales o dinámicas en directo. Una formación de idiomas puede adaptarse a formatos online, presenciales, telefónicos o mixtos según el objetivo. La modalidad no es un detalle. Es parte de la eficacia.
Más de 5.000 €: plan anual, retención y desarrollo de talento
El perfil. Tienes cincuenta o más trabajadores. Eres una mediana empresa o una gran empresa con estructura formalizada. Tienes departamentos de RRHH, comercial, operaciones, dirección. Y tienes un problema que las pymes más pequeñas no tienen: la rotación de talento. Cuando un empleado se va, no solo pierdes una persona. Pierdes conocimiento institucional, relaciones con clientes, y meses de integración para el sustituto.
El problema real. El crédito permite planes anuales ambiciosos, pero exige coherencia. Formar a todo el mundo en todo no funciona. Formar a quienes necesitan formarse, con una trayectoria que los retenga, sí.
La propuesta. Planes anuales de retención de talento que combinen upskilling, reskilling y desarrollo de habilidades blandas. No cursos sueltos. Trayectorias formativas. Un programa de liderazgo para empresas que dure seis meses. Un plan de idiomas para el equipo comercial que se extienda a lo largo del año. Un taller de inteligencia artificial para dirección que evite decisiones precipitadas. Un itinerario de metodología Agile para equipos de proyectos. Un curso de negociación para responsables comerciales.
Según el Global Human Capital Trends 2025 de Deloitte, el 73 % de las empresas reconoce la importancia de reinventar el rol del manager, pero solo el 7 % avanza significativamente. Las empresas con crédito alto pueden ser ese 7 %. No por gastar más, sino por planificar mejor.
Un plan anual puede incluir:
- Idiomas para empresas para equipos con clientes internacionales.
- IA aplicada para departamentos administrativos, comerciales o técnicos.
- Excel, Power BI o herramientas de ofimática para perfiles de gestión.
- Liderazgo y comunicación para mandos intermedios.
- Técnicas de ventas consultivas para equipos comerciales.
- Atención al cliente o atención al paciente para equipos de servicio.
- Trabajo en equipo y coordinación para áreas interdependientes.
- Itinerarios de desarrollo para talento interno.
El ejemplo. Una empresa de consultoría en Madrid con ochenta trabajadores tenía un crédito de 6.200 €. Diseñó un plan anual con tres bloques: enero-marzo, formación de comunicación efectiva y trabajo en equipo para todos los mandos intermedios (veinticuatro horas, doce participantes). Abril-junio, curso de inglés de negocios para el equipo comercial y de dirección (cuarenta horas, ocho participantes). Septiembre-noviembre, taller de gestión del tiempo y delegación para responsables de área (dieciséis horas, seis participantes). El crédito cubrió el 60 % del coste total. El cofinanciamiento privado fue del 20 %. Y la retención de talento en el área comercial mejoró en el trimestre siguiente, medida por la reducción de bajas voluntarias.
El matiz. Con crédito alto, la tentación es la complejidad. Contratar múltiples proveedores, montar un LMS interno, diseñar un competency framework. Eso funciona si tienes un departamento de L&D dedicado. Si no, es sobredimensionar la solución. En Edubaa proponemos planes anuales integrados, con un único interlocutor, docentes estables que conocen la empresa, y gestión completa de la bonificación FUNDAE. La coherencia no viene de la tecnología. Viene de la continuidad.
Los matices que importan antes de contratar
El primer matiz es la cofinanciación privada. FUNDAE indica que las empresas de más de cinco trabajadores deben participar en la financiación de los costes de formación en un porcentaje mínimo según su plantilla: el 5 % para empresas de seis a nueve trabajadores, el 10 % para las de diez a cuarenta y nueve, el 20 % para las de cincuenta a doscientos cuarenta y nueve, y el 40 % para las de doscientos cincuenta o más. Esto significa que no siempre basta con mirar el crédito disponible: también hay que entender qué parte asume la empresa y cómo se computan los costes.
El segundo matiz es que la bonificación no se aplica «por intención». La formación debe comunicarse, realizarse, finalizarse y documentarse correctamente. FUNDAE recuerda que la bonificación se aplica una vez comunicada la finalización del grupo formativo.
El tercer matiz es que el crédito no debería marcar toda la estrategia. A veces una empresa necesita una formación más amplia que su crédito disponible. En ese caso, puede bonificar una parte y asumir otra si el impacto lo justifica. La decisión inteligente no siempre es gastar exactamente el crédito. Es usarlo bien.
El cuarto matiz afecta a empresas pequeñas. Las empresas de menos de cincuenta trabajadores pueden acumular crédito no consumido para ejercicios posteriores si lo comunican en plazo, algo especialmente útil si quieren preparar una formación más ambiciosa en el futuro. FUNDAE recoge esta posibilidad dentro de la formación programada por las empresas.
El quinto matiz es la modalidad. Una formación online puede permitir más flexibilidad. Una presencial puede mejorar implicación. Una mixta puede equilibrar ambas. En Edubaa, la elección debería depender del tipo de habilidad, del equipo y de la disponibilidad real de la empresa, no de una preferencia abstracta.
Qué formación elegir según el problema real
Hay una forma muy sencilla de ordenar la decisión: no empezar por el catálogo, sino por el problema.
Si la empresa pierde tiempo en tareas manuales, errores de hojas de cálculo, informes mal preparados o procesos repetitivos, probablemente convenga formación en Excel, Power BI, IA o herramientas de ofimática.
Si la empresa pierde oportunidades comerciales, depende de una sola persona para comunicarse en otro idioma o trabaja con clientes internacionales, probablemente convenga formación en inglés, francés, alemán o portugués.
Si la empresa tiene conflictos internos, managers que no delegan, reuniones improductivas o equipos que no se coordinan, probablemente convenga formación en habilidades blandas como comunicación, liderazgo, gestión del tiempo o trabajo en equipo.
Si la empresa nota desgaste, silos o falta de cohesión después de cambios internos, una experiencia de formación lúdica puede ayudar, siempre que tenga objetivos pedagógicos claros.
Si la empresa quiere reducir rotación y desarrollar talento interno, conviene pensar en itinerarios de medio plazo, no en acciones aisladas. Un programa de reskilling o un plan de upskilling digital puede cambiar la relación entre la persona y la empresa. El mensaje deja de ser «haz tu trabajo» y empieza a ser «queremos que crezcas aquí».
Esta lógica evita uno de los errores más frecuentes: contratar formación porque suena bien. La IA suena bien. El inglés suena bien. El liderazgo suena bien. Pero una formación no se compra por sonar. Se compra porque resuelve algo.
La revisión holística: el crédito no decide solo
El crédito FUNDAE es una ayuda, no un oráculo. Puede orientar, pero no debería decidir por la empresa. La decisión buena nace de cruzar presupuesto, necesidad, impacto y viabilidad.
Una empresa puede tener 500 € y hacer algo muy útil. Puede tener 3.000 € y desperdiciarlos en tres cursos inconexos. Puede tener 8.000 € y construir un plan anual que mejore liderazgo, digitalización e idiomas. La diferencia no está solo en el dinero. Está en el criterio.
Una revisión sensata debería mirar la empresa completa:
- Qué objetivos tiene este año.
- Qué habilidades faltan.
- Qué equipos generan más impacto.
- Qué errores se repiten.
- Qué oportunidades se están perdiendo.
- Qué formación puede aplicarse de inmediato.
- Qué crédito puede utilizarse.
- Qué parte conviene planificar para más adelante.
Ahí Edubaa puede aportar valor. No solo como proveedor de cursos, sino como traductor entre la necesidad empresarial y la formación adecuada. Si una pyme dice «tenemos 900 € de crédito», la respuesta no debería ser «hagamos este curso». Debería ser: «¿Dónde te duele más la empresa ahora mismo?».
Porque cuando la formación se elige bien, el crédito deja de ser una cifra administrativa y se convierte en una palanca.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé exactamente cuánto crédito FUNDAE tiene mi empresa?
Accede a la sede electrónica de FUNDAE con certificado digital o Cl@ve, o usa el simulador de crédito para una estimación previa con tu base de cotización y plantilla del año anterior. Si prefieres no manejar la plataforma, en Edubaa te orientamos sobre tu crédito en la primera conversación.
¿Qué crédito mínimo tiene una empresa para formación bonificada?
FUNDAE garantiza un crédito mínimo de 420 € anuales para empresas de uno a cinco trabajadores, independientemente de lo cotizado. Si el cálculo estándar da menos, FUNDAE asigna automáticamente los 420 €. Este mínimo no es acumulable y debe consumirse antes del 31 de diciembre.
¿Puedo acumular crédito FUNDAE si soy una pyme pequeña?
Solo las empresas de hasta cuarenta y nueve trabajadores pueden acumular el crédito no consumido de un ejercicio al siguiente, y solo de un ejercicio adicional, debiendo consumirlo antes del 30 de junio del año en que se acumula. Las empresas de cincuenta o más trabajadores pierden el crédito no usado el 31 de diciembre sin prórroga.
¿Qué pasa si tengo menos de 500 € de crédito?
Con menos de 500 €, lo más razonable es hacer una formación corta y muy concreta. Por ejemplo, una sesión práctica de Excel, IA, comunicación, atención al cliente o gestión del tiempo. No conviene intentar resolver demasiadas cosas a la vez. Con poco crédito, la prioridad es la precisión.
¿Qué formación conviene con 1.000 € o 2.000 € de crédito FUNDAE?
En ese tramo suelen tener sentido dos grandes líneas: idiomas o IA aplicada. La elección depende del problema principal. Si la empresa pierde oportunidades por falta de inglés u otro idioma, conviene priorizar idiomas. Si pierde tiempo en tareas repetitivas o mala gestión de información, puede tener más sentido formar en IA o herramientas digitales.
¿Qué formación conviene con más de 5.000 € de crédito?
Con más de 5.000 €, lo razonable es pensar en un plan anual. Ese plan puede combinar idiomas, IA, Excel, Power BI, liderazgo, ventas, atención al cliente o formación experiencial. Lo importante es no contratar cursos sueltos sin conexión, sino diseñar itinerarios por perfiles y objetivos.
¿La formación online puede bonificarse?
Sí. FUNDAE contempla diferentes modalidades de formación, incluyendo presencial, teleformación y mixta. La elección de modalidad debe depender del tipo de curso, de los objetivos y de la disponibilidad del equipo. Para algunas habilidades, lo online funciona muy bien. Para otras, puede convenir una parte presencial o dinámica en directo.
¿Edubaa gestiona la bonificación FUNDAE?
Sí. Edubaa puede ayudar a la empresa a diseñar la formación y gestionar la bonificación FUNDAE, siempre cumpliendo los requisitos, plazos y documentación necesarios. Esto permite que la empresa no tenga que convertir una oportunidad formativa en una carrera de obstáculos administrativos.
¿Es obligatorio gastar todo el crédito FUNDAE?
No deberías plantearlo así. Lo importante no es gastar todo el crédito, sino usarlo bien. A veces tendrá sentido consumirlo completo. Otras veces convendrá bonificar una parte de una formación más amplia. Y en empresas de menos de cincuenta trabajadores puede tener sentido acumular crédito si se comunica correctamente en plazo.
¿Cómo priorizar si tengo crédito para varias formaciones?
Empieza por el dolor operativo inmediato. Si el equipo pierde horas con Excel, empieza ahí. Si comercial no cierra por falta de inglés, prioriza idiomas. Si los mandos intermedios están saturados y el equipo depende demasiado de ellos, trabaja liderazgo, delegación y comunicación. La formación debería empezar donde la empresa pierde más energía.
Entonces, ¿qué formación bonificada deberías hacer?
La mejor formación bonificada no es la más larga, la más moderna ni la que queda mejor en una propuesta.
Es la que encaja con el momento de la empresa.
Con menos de 500 €, conviene precisión. Con 500 € a 1.000 €, conviene elegir una habilidad clave o un pequeño grupo. Con 1.000 € o 2.000 €, conviene apostar por competencias estratégicas como idiomas o IA. Entre 2.000 € y 5.000 €, ya se pueden construir itinerarios. Y por encima de 5.000 €, lo razonable es pensar en plan anual, desarrollo interno y retención de talento.
FUNDAE facilita una herramienta. La empresa decide si la usa como trámite o como ventaja.
Si tu empresa quiere revisar su crédito FUNDAE y decidir qué formación tiene más sentido, llámanos al +34 919 931 368 o escríbenos a hola@edubaa.com. En menos de 24 horas te damos un plan concreto, con cifras reales y sin trámites que te roben tiempo
