El 47 % de las PYMES en Madrid pierde su crédito FUNDAE: descubre cómo evitarlo

“Las acciones formativas que se financian a través de bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social deben estar dirigidas a satisfacer las necesidades de formación de los trabajadores y deben guardar relación con la actividad empresarial.”
FUNDAE, Formación en las empresas 2024
El crédito FUNDAE en Madrid no se pierde porque las empresas no necesiten formación. Se pierde, casi siempre, por razones mucho más normales: nadie lo mira a tiempo, la gestión parece complicada, el crédito parece pequeño, RRHH va saturado, la asesoría no lo mueve, gerencia no sabe por dónde empezar o la empresa llega a diciembre con una frase peligrosísima: “a ver si hacemos algo antes de que acabe el año”.
Y entonces no se hace.
El dato nacional de FUNDAE para 2024 es claro: las empresas dispusieron 644,6 millones de euros, el 53 % del crédito asignado. Dicho al revés, casi el 47 % del crédito disponible no se utilizó. No es exactamente lo mismo que decir que “el 47 % de las pymes de Madrid pierde su crédito”, porque FUNDAE no publica esa frase literal en sus balances. Pero sí permite una lectura muy útil para las empresas madrileñas: una parte enorme del crédito formativo disponible se queda sin usar cada año, y las pymes son las que más riesgo tienen de dejarlo pasar por falta de tiempo, información o gestión.
Ese matiz importa.
Importa porque una empresa que habla de formación bonificada debe transmitir confianza. Y la confianza empieza por no estirar los datos más de lo que permiten. El problema existe. No hace falta inflarlo.
En Madrid, el dato local también merece atención. Según el informe autonómico de FUNDAE sobre formación en la Comunidad de Madrid en 2024, hubo 49.052 empresas formadoras. De ellas, 47.552 eran pymes formadoras, con 389.962 participantes en cursos y 269.308 personas trabajadoras formadas.
Es decir, hay muchas pymes madrileñas usando la formación bonificada. Pero también hay muchas otras que podrían usarla mejor, antes y con más criterio.
La pregunta importante no es solo “cuánto crédito tengo”.
La pregunta que una pyme debería hacerse es otra: “¿qué problema de mi empresa podría resolver con ese crédito antes de perderlo?”.
Qué significa realmente perder crédito FUNDAE
Perder crédito FUNDAE no significa que llegue una factura inesperada. No significa que la empresa haya cometido una infracción. Tampoco significa que FUNDAE le retire algo que estaba en su cuenta bancaria.
Significa algo más silencioso: la empresa tenía un crédito anual para formar a su plantilla mediante bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social y no lo ha utilizado.
FUNDAE explica que las empresas disponen de un crédito para la formación de sus trabajadores que se hace efectivo mediante bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social. Ese crédito se calcula a partir de la cantidad ingresada por la empresa el año anterior en concepto de formación profesional y del porcentaje aplicable según su plantilla.
La clave está en que el crédito no se guarda eternamente en una especie de hucha amable esperando a que alguien se acuerde. Si la empresa no organiza formación, no comunica correctamente la acción, no finaliza el grupo, no justifica asistencia o no aplica la bonificación dentro del plazo correspondiente, ese crédito no se convierte en formación real.
Y para una pyme, esto duele por dos motivos.
El primero es económico: se deja de aprovechar una herramienta que ya existe para formar a los trabajadores.
El segundo es estratégico: se pierde una oportunidad de mejorar idiomas, IA, Excel, Power BI, comunicación, liderazgo, ventas, atención al cliente, gestión del tiempo o cualquier habilidad que la empresa realmente necesite.
El crédito perdido no aparece en la cuenta de resultados con una línea roja. Pero puede verse en errores que se repiten, clientes que se atienden peor, managers que improvisan, trabajadores que no crecen y herramientas digitales que nadie usa bien.
El crédito no usado no hace ruido.
Ese es el problema.
Por qué las pymes de Madrid deberían tomárselo en serio
Madrid es un mercado laboral y empresarial muy competitivo. Hay muchas empresas, mucha movilidad, mucho sector servicios, mucha presión comercial y una concentración alta de sedes, proveedores, clientes y talento. En ese entorno, formar no es un lujo. Es una forma de no quedarse atrás.
Una pyme madrileña suele competir con empresas más grandes en captación de clientes, retención de empleados, calidad de servicio, digitalización, idiomas y velocidad de respuesta. No siempre puede competir en salario, marca o estructura. Pero sí puede competir en desarrollo, cercanía y capacidad de aprendizaje.
Ahí la formación bonificada por FUNDAE tiene sentido.
Una empresa pequeña puede usar el crédito para formar a una persona clave en inglés para empresas, para mejorar Excel en administración, para introducir inteligencia artificial aplicada, para trabajar comunicación con el equipo o para profesionalizar a un mando recién promocionado.
Una empresa de 20 o 30 trabajadores puede diseñar un plan más ambicioso: idiomas para empresas para comerciales, Power BI para reporting, habilidades blandas para managers y atención al cliente para equipos de servicio.
Una empresa mediana puede ir más lejos: itinerarios por departamento, formación anual, planes de liderazgo, idiomas por nivel, IA por área, gestión de proyectos y programas de retención de talento.
El error es pensar que FUNDAE es solo una gestión administrativa. No lo es. Bien usado, es una herramienta para convertir problemas internos en formación concreta.
Si el equipo no se entiende con clientes extranjeros, idiomas.
Si los datos son un caos, Excel o Power BI.
Si hay tareas repetitivas, IA.
Si los managers improvisan, liderazgo y comunicación.
Si hay quejas de clientes, atención al cliente.
Si el equipo trabaja con mucha fricción, habilidades y colaboración.
La formación buena empieza cuando el curso responde a un problema reconocible.
Por qué se pierde el crédito: las 7 causas más habituales
La primera causa es no saber cuánto crédito tiene la empresa.
Parece básico, pero ocurre. La empresa sabe cuánto paga de alquiler, cuánto cuesta la gestoría, cuánto subió la luz y cuánto vale cada licencia de software, pero no siempre sabe cuánto crédito formativo tiene disponible. Si nadie mira el dato, nadie toma la decisión.
La segunda causa es dejarlo para final de año.
Diciembre es el cementerio de muchas buenas intenciones formativas. Las agendas están llenas, la empresa quiere cerrar ventas, hay vacaciones, cierres contables, campañas, auditorías, cenas, prisas y ese cansancio elegante de “lo vemos en enero”. El problema es que el crédito era de este año.
La tercera causa es creer que el crédito es demasiado pequeño.
Muchas microempresas tienen crédito limitado y piensan que no merece la pena. Pero un crédito pequeño puede servir para una acción breve y muy concreta. Una sesión práctica de IA, una formación de comunicación, unas horas de Excel o un bloque de inglés profesional pueden tener impacto si se eligen bien.
La cuarta causa es miedo a la gestión.
FUNDAE exige comunicar, documentar, controlar asistencia, cerrar correctamente y aplicar bonificaciones. Para una pyme sin departamento de formación, esto puede sonar como montar un cohete con instrucciones administrativas. Por eso muchas empresas prefieren no tocarlo.
La quinta causa es no saber qué formación elegir.
Cuando una empresa no tiene claro el problema, acaba eligiendo por catálogo: “un curso de Excel”, “algo de liderazgo”, “un poco de inglés”, “algo de IA”. La formación elegida así puede servir, pero también puede convertirse en trámite. El crédito se usa mejor cuando parte de una fricción concreta.
La sexta causa es mala coordinación interna.
La persona que contrata no es quien organiza horarios. Los participantes no saben si deben asistir. El responsable no libera agenda. La asesoría no recibe datos. El proveedor necesita información que llega tarde. Al final, una formación viable se cae por logística.
La séptima causa es no asignar un responsable.
Si el crédito FUNDAE “es de todos”, probablemente no sea de nadie. Alguien debe revisar crédito, proponer prioridades, coordinar con el proveedor, validar datos y asegurarse de que la formación ocurre. No hace falta crear un departamento. Hace falta que alguien lo tenga en la cabeza antes de que sea tarde.
Qué formación conviene hacer antes de perder el crédito
La respuesta depende del tamaño de la empresa, del crédito disponible y del problema que más pesa. No tiene sentido recomendar lo mismo a una microempresa de 4 personas que a una pyme de 45 o a una empresa mediana de 180.
Si la empresa tiene crédito pequeño, lo sensato es elegir acciones cortas, directas y aplicables. Por ejemplo: comunicación efectiva, feedback, reuniones eficaces, Excel operativo, primeros usos de IA, atención al cliente, gestión del tiempo o una sesión concreta de herramientas digitales.
La pregunta aquí debe ser: “¿qué habilidad nos ahorraría problemas esta misma semana?”.
Si la empresa tiene crédito medio, ya puede apostar por líneas con más recorrido. Aquí suelen encajar muy bien los idiomas para empresas o la formación en IA aplicada. Idiomas cuando la empresa tiene clientes, proveedores o matrices internacionales. IA cuando hay tareas repetitivas, documentación, propuestas, marketing, análisis o procesos administrativos que pueden mejorar.
Si la empresa tiene más crédito, puede diseñar un plan anual. Aquí la formación deja de ser “un curso” y empieza a convertirse en sistema: idiomas por niveles, IA por departamentos, Excel y Power BI para perfiles de gestión, liderazgo para managers, comunicación para equipos, atención al cliente y formación lúdica para trabajar colaboración.
La lógica es sencilla: con poco crédito, precisión; con crédito medio, capacidades estratégicas; con crédito alto, plan anual.
No todo a la vez.
No todo para todos.
No todo con la misma urgencia.
Microempresas: no necesitas mucho crédito, necesitas puntería
Las microempresas son las que más fácil pueden pensar que FUNDAE “no es para ellas”. Tienen pocos trabajadores, poco tiempo y una estructura muy ajustada. Si una persona se forma, alguien cubre su trabajo. Si gerencia se pone a gestionar documentación, deja de vender o atender clientes.
Pero eso no significa que deban dejar pasar su crédito.
En una microempresa, la formación debe ser quirúrgica. No se trata de formar a todo el equipo en todo. Se trata de detectar el punto que más limita el trabajo.
Una asesoría pequeña que pierde tiempo con hojas de cálculo mal montadas puede hacer una formación breve de Excel.
Una clínica que recibe pacientes internacionales puede formar a recepción en inglés básico profesional.
Una empresa de reformas puede formar a administración en comunicación con clientes y seguimiento de presupuestos.
Un pequeño despacho puede formar al equipo en IA para redactar, resumir y organizar información con más criterio.
Una tienda o negocio local puede trabajar atención al cliente, objeciones y comunicación en situaciones difíciles.
El objetivo no es parecer una gran empresa. El objetivo es resolver un bloqueo concreto. Con poco crédito, la mala decisión es dispersarse. La buena decisión es elegir una habilidad que afecte al trabajo diario.
Si haces una formación breve y cambia una tarea que se repite cada semana, el crédito ha servido.
Si haces un curso genérico para “aprovecharlo”, probablemente solo has cambiado dinero sin usar por tiempo mal usado.
Pymes pequeñas: de la improvisación al sistema
En empresas de 10 a 49 trabajadores, la formación empieza a tener otro papel. Ya no se trata solo de mejorar una habilidad aislada. Se trata de ordenar crecimiento.
En este tamaño aparecen responsables de equipo, coordinación entre áreas, más clientes, más herramientas, más volumen administrativo y más necesidad de comunicar bien. La empresa ya no puede depender de que todo se resuelva hablando en el pasillo o preguntando a la persona veterana.
Aquí conviene priorizar tres líneas.
La primera es formación digital: Excel, Power BI, ofimática, IA, gestión documental, herramientas colaborativas y automatización básica. Si la empresa crece y los datos siguen en hojas dispersas, el problema está servido.
La segunda es formación en habilidades: comunicación, liderazgo, feedback, gestión del tiempo, trabajo en equipo y resolución de problemas. Si los managers aprenden por ensayo y error, los empleados pagan la matrícula.
La tercera es idiomas. En Madrid, muchas pymes trabajan con proveedores, clientes o partners internacionales. El inglés no siempre es un extra. A veces es una barrera comercial.
En este tramo, perder crédito FUNDAE es especialmente absurdo porque la empresa ya tiene suficientes necesidades para usarlo bien. Lo difícil no es encontrar formación. Lo difícil es priorizar.
Y priorizar exige hacerse preguntas incómodas.
Dónde perdemos más tiempo.
Qué perfil es más dependiente.
Qué tarea se repite demasiado.
Qué cliente atendemos peor.
Qué manager necesita ayuda.
Qué herramienta pagamos pero no usamos bien.
Qué oportunidad se nos escapa por falta de idioma, datos o criterio.
Cuando esas preguntas están claras, el curso deja de ser un producto y se convierte en una respuesta.
Empresas medianas: el crédito debe convertirse en plan anual
Las empresas de 50 a 249 trabajadores suelen tener más crédito, más departamentos y más necesidades acumuladas. Aquí el riesgo no es solo perder el crédito. El riesgo es usarlo mal en acciones sueltas que no dejan una capacidad instalada.
Una empresa mediana debería plantear la formación como plan anual. No hace falta un documento de 80 páginas. Basta con ordenar objetivos, perfiles, contenidos y calendario.
Un plan razonable puede incluir IA aplicada para administración, marketing, ventas y dirección. Power BI para perfiles de reporting y gestión. Inglés profesional para equipos comerciales o técnicos. Liderazgo y comunicación para mandos intermedios. Atención al cliente para equipos de servicio. Gestión de proyectos para operaciones. Y, en algunos casos, formación lúdica bonificada para colaboración y cohesión.
La formación lúdica bonificada puede tener sentido cuando la empresa necesita trabajar habilidades transversales desde una experiencia práctica, no solo desde teoría. Y Skillmersion permite abordar comunicación, liderazgo, coordinación o trabajo en equipo de una forma más inmersiva, siempre que esté bien conectada con objetivos formativos.
En empresas medianas, perder crédito suele ser menos comprensible. No porque sobre tiempo, sino porque hay suficiente masa crítica para planificar. Si no se hace, normalmente falta método.
Y la falta de método no se arregla en noviembre.
Madrid: una oportunidad concreta para formar mejor
El informe autonómico de FUNDAE para Madrid muestra que la Comunidad tiene una actividad formativa fuerte: 1.313.952 participantes en cursos en 2024, más de 25,6 millones de horas de formación y 49.052 empresas formadoras. También muestra que las pymes tienen un peso enorme dentro de las empresas formadoras madrileñas: 47.552 pymes formadoras, 389.962 participantes y 269.308 personas trabajadoras formadas.
Esto refuerza una idea: Madrid no es un territorio donde “no se use” la formación. Se usa. Mucho. La cuestión es que no todas las pymes la aprovechan igual.
Algunas la convierten en una ventaja: forman idiomas para abrir mercado, IA para mejorar productividad, Excel para ordenar datos, comunicación para evitar fricciones, liderazgo para profesionalizar mandos y atención al cliente para mejorar servicio.
Otras la dejan pasar hasta que el crédito desaparece.
La diferencia no siempre está en el tamaño. Está en tener alguien que mire el tema a tiempo y un proveedor que no venda cursos genéricos, sino soluciones formativas.
Para una pyme madrileña, esto importa porque la competencia no espera. Si un competidor forma a su equipo en IA, idiomas o ventas, el efecto no se nota en una semana. Se acumula. Responde mejor, atiende mejor, prepara mejores propuestas, reduce errores y retiene mejor a personas clave.
La formación no garantiza ganar.
Pero no formar puede hacerte perder sin darte cuenta.
Cómo evitar perder el crédito FUNDAE
La forma más sencilla es convertirlo en una rutina anual.
En enero o febrero, calcula el crédito.
En marzo, identifica tres necesidades reales.
En abril, prioriza perfiles.
Antes del verano, ejecuta al menos una acción.
En septiembre, revisa lo pendiente.
Antes de noviembre, cierra las últimas formaciones sin correr.
No hace falta hacerlo exactamente así, pero sí conviene evitar el patrón contrario: pensar en FUNDAE cuando ya no hay margen. La formación necesita agenda, participantes, contenidos, docente, comunicación, asistencia y documentación. Si todo eso se improvisa, aumenta el riesgo de que la empresa no llegue o haga algo poco útil.
También conviene usar el crédito con criterio. No se trata de gastar por gastar. Se trata de formar en algo que ayude al negocio.
Un filtro sencillo puede ayudar.
Qué problema queremos resolver.
Qué personas necesitan formarse.
Qué nivel tienen ahora.
Qué deberían hacer mejor después.
Cuántas horas son razonables.
Qué modalidad encaja con su agenda.
Qué parte puede bonificarse.
Cómo comprobaremos si ha servido.
Este filtro evita muchas decisiones malas. Si una empresa no sabe responder a estas preguntas, probablemente todavía no está eligiendo formación. Está eligiendo un título de curso.
Y eso es otra cosa.
El error de “lo hacemos para gastar el crédito”
Hay una forma muy habitual de desperdiciar FUNDAE incluso usándolo: contratar formación solo para no perder el crédito.
Parece una decisión razonable. Peor sería no hacer nada. Pero si la formación no responde a una necesidad real, el resultado suele ser pobre: participantes que no entienden por qué están ahí, responsables que no liberan tiempo, docentes que trabajan sobre contenidos genéricos y una empresa que acaba pensando que la formación “no sirve”.
El problema no era la formación.
Era el enfoque.
La formación bonificada no debería empezar por “qué curso podemos hacer”. Debería empezar por “qué está frenando el trabajo”.
Si el freno está en clientes internacionales, idiomas.
Si está en errores administrativos, Excel o herramientas digitales.
Si está en informes manuales, Power BI o automatización.
Si está en managers saturados, liderazgo y gestión del tiempo.
Si está en tensión interna, comunicación y resolución de conflictos.
Si está en baja conversión comercial, ventas, negociación o presentaciones.
Si está en servicio al cliente, atención, empatía profesional y gestión de quejas.
Gastar crédito no es lo mismo que invertirlo.
Una pyme que entiende esa diferencia empieza a usar FUNDAE con mentalidad de negocio, no con mentalidad de trámite.
Qué pasa si no uso mi crédito FUNDAE
Si la empresa no utiliza su crédito dentro del ejercicio correspondiente, normalmente pierde la oportunidad de aplicarlo. Hay una excepción importante: las empresas de menos de 50 trabajadores pueden comunicar su voluntad de acumular crédito para los dos ejercicios siguientes, siempre que lo hagan en el plazo establecido, que suele ser antes del 30 de junio.
Este punto es especialmente relevante para pymes pequeñas. Si este año no vas a poder organizar formación con sentido, al menos conviene revisar si puedes acumular el crédito. Lo que no tiene sentido es no usarlo, no acumularlo y no saber siquiera que existía esa posibilidad.
En cualquier caso, la acumulación no debería ser excusa para aplazar indefinidamente. Acumular puede ser útil si hay un plan. Si solo sirve para postergar la decisión, el problema vuelve más adelante con otra fecha en el calendario.
La formación tiene más impacto cuando se planifica con calma. Y la calma, en FUNDAE, suele empezar antes del verano.
Cómo ayuda Edubaa a no perder el crédito
Edubaa ayuda a empresas de Madrid a convertir el crédito FUNDAE en formación útil, no en una carrera de última hora.
La diferencia está en tres puntos.
Primero, diagnóstico práctico. Antes de vender un curso, conviene entender qué necesita la empresa: idiomas, IA, Excel, Power BI, comunicación, liderazgo, atención al cliente, gestión del tiempo, habilidades o formación lúdica.
Segundo, adaptación. Una formación no debería ser igual para una clínica, una empresa industrial, una consultora, una pyme tecnológica, un despacho profesional o un equipo comercial. Edubaa adapta contenidos, horarios, modalidad y nivel.
Tercero, gestión. La bonificación FUNDAE exige datos, comunicación, plazos, asistencia y documentación. Si una pyme no tiene tiempo para gestionar todo eso, apoyarse en un proveedor que lo ordene evita que una buena intención formativa muera en un Excel compartido llamado “pendiente revisar”.
Además, Edubaa trabaja con áreas que suelen tener impacto directo en pymes: idiomas, inglés, Excel, Power BI, inteligencia artificial, habilidades blandas, liderazgo, comunicación, gestión de proyectos y atención al cliente.
La formación no debería aparecer en diciembre como un susto administrativo. Debería formar parte de una conversación sencilla: qué necesita mejorar la empresa, qué crédito tiene y qué acción formativa puede ayudar.
Preguntas frecuentes sobre crédito FUNDAE en Madrid
¿Es cierto que el 47 % de las pymes pierde su crédito FUNDAE en Madrid?
FUNDAE no publica exactamente ese dato como frase literal. El dato oficial defendible es que, en 2024, las empresas dispusieron del 53 % del crédito asignado a nivel nacional, por lo que casi el 47 % quedó sin utilizar. En Madrid sí consta una fuerte actividad de pymes formadoras, pero no debe confundirse ese dato con una tasa concreta de pérdida del crédito en pymes madrileñas.
¿Qué significa crédito dispuesto?
El crédito dispuesto es la parte del crédito de formación que las empresas realmente utilizan para acciones formativas bonificadas. Si una empresa tiene crédito asignado pero no organiza formación y no aplica bonificaciones, ese crédito no se convierte en formación efectiva.
¿Todas las empresas tienen crédito FUNDAE?
Las empresas privadas que cotizan por formación profesional pueden disponer de crédito para formar a sus trabajadores mediante bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social. La cantidad depende de lo cotizado el año anterior y del tamaño de la empresa.
¿Qué pasa si no uso mi crédito FUNDAE?
Si no se utiliza dentro del ejercicio correspondiente, normalmente se pierde la oportunidad de aplicarlo. Algunas empresas de menos de 50 trabajadores pueden acumular crédito en determinadas condiciones y plazos, pero no conviene esperar sin revisar el caso.
¿Qué formación conviene hacer si tengo poco crédito?
Con poco crédito conviene elegir acciones cortas y muy aplicables: Excel, IA básica, comunicación, atención al cliente, gestión del tiempo, reuniones eficaces o inglés profesional para una persona clave. La prioridad debe ser resolver un problema concreto.
¿Qué formación funciona mejor para pymes de Madrid?
Depende del sector, pero suelen funcionar bien idiomas, Excel, Power BI, IA aplicada, comunicación, liderazgo, atención al cliente, técnicas de venta y gestión de proyectos. En Madrid muchas pymes necesitan mejorar productividad, servicio, internacionalización y capacidad digital.
¿La formación tiene que estar relacionada con la actividad de la empresa?
Sí. FUNDAE indica que las acciones formativas bonificadas deben satisfacer necesidades de formación de los trabajadores y guardar relación con la actividad empresarial. No se trata de usar crédito en cualquier curso, sino en formación vinculada al trabajo.
¿Puedo bonificar formación online?
Sí. FUNDAE contempla formación presencial, teleformación y mixta. Lo importante es que la formación cumpla los requisitos aplicables, se comunique correctamente y pueda acreditarse la participación, asistencia o actividad de los trabajadores.
¿Por qué muchas pymes no usan su crédito?
Por desconocimiento, falta de tiempo, miedo a la gestión, poca planificación o sensación de que el crédito es pequeño. También ocurre que nadie dentro de la empresa asume la responsabilidad de revisarlo y coordinarlo a tiempo.
¿Cómo ayuda Edubaa?
Edubaa ayuda a revisar qué formación tiene sentido para tu empresa, diseñar una propuesta ajustada y gestionar la bonificación FUNDAE cuando procede. El objetivo es que el crédito se convierta en formación útil, no en una tarea pendiente que vuelve cada diciembre.
Evita que tu crédito FUNDAE en Madrid se quede sin usar.
📞 +34 919 931 368
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